Con la misma naturalidad y sencillez los aprendíamos e interiorizábamos a fuerza de escucharlos con melodías atractivas y pegadizas al oído, comprobada su funcionalidad a lo largo de los siglos y a través de muchas generaciones que los iban recreando para que todos, niños y mayores nos quedáramos con la copla.
Es evidente que los tiempos han cambiado y mucho, pero aún no es necesario readaptar el sistema del natural aprendizaje del Romancero, si los seguimos cantando y refrescando de vez en cuando en casa o en el coche como quien no quiere la cosa, seguros de que los niños a pesar de la TV, los ordenadores y otros limitadores de creatividad también se quedarán con la copla.
Estos pocos Romances contados y cantados al estilo de los mendicantes y ciegos de antaño serán una excelente ocasión para que los mayores recuerden éstas y otras viejas historias que oyeron en su infancia y para que los más jóvenes comiencen a apreciarlos y a aprenderlos por tratarse de un aspecto fundamental de sus Raíces al disponer de una enorme carga Cultural.
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